Mi vida es la construcción

Mi vida es la construcción.

Literalmente.

Mi padre, arquitecto técnico…

Perdón. Mi padre, aparejador, me cuenta que desde pequeñito me llevaba a visitar sus obras. En aquel momento no se le prestaba tanta atención a la Seguridad y Salud como ahora.

casco de obra de construcción

Me interesó, me gustó, me apasionó, y con el tiempo me enamoré de la construcción: siempre he estado rodeado de albañiles, yeso, cemento, pintores, escayolistas… y nunca he querido nada más en la vida.

Si alguien puede hablar de una vida predestinada, ese soy yo. Tuve oportunidades para haber elegido otra profesión (otro amor), pero nunca me he visto fuera de este sector, ni siquiera cuando han venido las aguas revueltas.

Me pagué el carnet de conducir trabajando de peón en la empresa de reformas familiar.

Al terminar el instituto estudié durante 4 años diseño de interiores.

Después estudié arquitectura técnica mientras empezaba a dar coletazos en el mundo profesional. Una época muy dura que, sinceramente, me alegro haber pasado ya.

Por aquel entonces empezaba el boom inmobiliario e hice un master en dirección de empresas constructoras e inmobiliarias (hola, MDI alumni).

Tengo el secreto deseo de estudiar Arquitectura, ya veremos…

He pivotado en diferentes áreas (sin saber por aquel entonces que lo que hacía se llamaba pivotar): he hecho reformas de viviendas, de oficinas, edificios residenciales, naves industriales, rehabilitaciones integrales…

He trabajado en constructoras, inmobiliarias, estudios de decoración, de jefe de obra, de director de ejecución…

Me considero aprendiz de todo y maestro de nada. Me encanta aprender los secretos de cada nicho: los procesos de la obra nueva, los trucos de las reformas, el detallismo de la rehabilitación. En resumen, soy un culo inquieto que no es capaz de dejar de estudiar.

He vivido vacas muy gordas y vacas ya no flacas, esqueléticas. He tenido temporadas de ganar mucho dinero y otras de no llegar a final de mes.

He emprendido, por supuesto, pero no supe elegir a mis compañeros de viaje y la cosa no cuajó.

Me he estrellado, me he levantado, y me he vuelto a estrellar. Como se suele decir, lo importante es que lo último que hagas sea volver a ponerte en pie.

¿Por qué comparto esto?

Lo comparto porque a mis 49 años, con todo mi bagaje, mis conocimientos, habiendo visto pasar compañeros y proyectos, sigo mirando al horizonte con esperanza.

Lo comparto porque continúo ilusionado pese a que la construcción se marchite lentamente ante mis ojos, pese a que todo esté decidido de antemano por una tabla excel, pese a que la mano de obra especializada se está perdiendo, pese a que parece que los técnicos estamos perdiendo terreno ante los economistas.

Lo comparto porque no importa lo que depare el futuro, importa volver la vista atrás y ver los edificios que he hecho, las vidas que se desarrollan en ellos, la parte de ciudad que he modificado y en la queda mi huella.

Y lo comparto porque quiero.

Gracias por haberlo leído (si lo has hecho).

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